Dirección: James Gray
Guión: James Gray
País: EEUU
Reparto: Miles Teller, Scarlett Johansson, Adam Driver, Rosslyn Luke
James Gray siempre ha sido un caballo de carrera en Cannes. Tiene las puertas abiertas y las tendrá. Y si bien hay vacas sagradas, también es bonito que haya algunos directores que resuenan con el festival y que siempre sean invitados a participar. Su nueva película, obviamente, suponía un nuevo estreno, pero ha estado con las horas contadas para terminar, para tener su último corte para llegar a esta edición y para conseguir la distribución en Francia, que es una regla clara del festival para las películas que van a estar en la sección oficial. Felizmente lo consiguió, porque no solo es una de las pocas representantes estadounidenses este año en la edición, sino que es una de las mejores representantes posibles que podría tener sobre todo este cine clásico y anacrónico del cine estadounidense.
En «Paper Tiger»: «Dos hermanos que persiguen el sueño americano se ven de repente envueltos en un plan que resulta ser demasiado bueno para ser verdad. Pero mientras intentan abrirse camino en un mundo de corrupción y violencia cada vez más peligroso, se encuentran ellos mismos y su familia brutalmente aterrorizados por la mafia rusa. Sus lazos empiezan a deshilacharse y la traición, antes impensable, se convierte en algo posible.»
Con ella, James Gray probablemente concluye o completa su trilogía relacionada al mundo del crimen y las mafias («Little Odessa» y «We Own the Night»). Además, por más que a título personal nos quedemos con «We Own the Night» de las tres, terminan siendo propuestas que, si bien conversan sobre este mismo mundo —o un mundo similar— dentro de lo que es lo delictivo, el crimen organizado y las familias relacionadas, y también cómo impactan a los “inocentes” que están alrededor, cada película tiene, si bien respira mucho de James Gray y de sus búsquedas como director y de su técnica que siempre es sobresaliente, y nuevamente ciertas temáticas que se repiten, un estilo muy particular.
«Paper Tiger» tiene uno que para nosotros fue totalmente inesperado, y para muy buena parte de la Croisette también, y que por ende ha polarizado y dividido a la crítica. No va a ser para todos. Felizmente, sí fue para nosotros.
Para poner un poco en contexto y explicarlo con ejemplos, es algo cercano a lo que hace Cronenberg en «Promesas del Este» y «Una historia violenta». Donde vemos una especie de sueño americano pero desde un filtro bastante novelesco y melodramático, sobreexagerado e incluso un poco «cheesy», pero no de una forma descuidada sino calculada.
Este tono inicialmente puede confundir, pero una vez que uno lo entiende como espectador, se disfruta a cabalidad. Sin embargo, por ejemplo, hubo risas involuntarias en momentos de máxima tensión, que podrían explicarse justamente por esta incapacidad —o por esta falta de conexión, que no tiene que ver con una cuestión de capacidad, sino simplemente de gusto personal— con la propuesta tonal que James Gray propone.
Vale la pena detenerse un momento en Adam Driver. Uno de los mejores actores de su generación, si no el mejor. Un gran descubrimiento gracias a la serie «Girls» y que aquí ha subido nuevamente su nivel, cosa que va haciendo constantemente durante su carrera. Después de «Paper Tiger», Adam Driver está un escalón por encima, y entendiendo que quedan pocos escalones que trepar, aquí ha logrado, con poco —en el sentido de una actuación contenida— acercarse a varios de esos grandes nombres, protagonistas, galanes y actores icónicos del cine americano clásico, del cine negro y del cine de mafia.
Y gracias a Dios que esta película fue finalmente comprada por Neon, ganándoles la última puja a Netflix. Pues sin ánimos de menospreciar al streaming —que es un medio que nosotros consumimos mucho, pero que también permite o conecta específicamente con cierto tipo de contenido—, no es una película para las plataformas, sino una que suda y exuda cine atemporal, y que por lo tanto debe verse en pantalla grande.
A ver si este año, y no nos sorprendería, por fin se le reconoce a James Gray una filmografía inmensa, siendo uno de los mejores directores estadounidenses de la actualidad, pero también uno extrañamente, tristemente e injustamente infravalorado.

