Dirección: Ryûsuke Hamaguchi
Guión: Ryûsuke Hamaguchi, Léa Le Dimna. Libro: Maho Isono, Makiko Miyano
País: Francia
Reparto: Virginie Efira, Tao Okamoto, Kyoza Nagatsuka, Jean-Charles Clichet, Maria Bunel, Romain Cottard
Ryusuke Hamaguchi vuelve a demostrar que se encuentra en un nivel al que muy pocos cineastas contemporáneos pueden aspirar. Estrenando una de las grandes candidatas a la Palma de Oro de Cannes, quizás la favorita, y no cuesta entender por qué. Más allá del virtuosismo formal que Hamaguchi domina hace ya varias películas, lo que termina diferenciándolo está en una sensibilidad humana, espiritual y filosófica que atraviesa cada diálogo, cada silencio y cada gesto. Su cine parece provenir de alguien que no solo entiende profundamente el lenguaje cinematográfico, sino también a la humanidad.
En «All of a Sudden»: En París, Marie-Lou Fontaine, directora de una residencia de ancianos, se esfuerza por implementar una filosofía de atención innovadora basada en la escucha activa y el respeto a la dignidad de los residentes, a pesar de la escasez de medios y la resistencia de parte de su personal. En medio de estos problemas, su encuentro con Mari Morisaki, una directora de teatro japonesa que lucha contra el cáncer, transformará profundamente su vida. Al forjar una profunda amistad, ambas mujeres unen fuerzas en una lucha compartida para lograr lo imposible.
La película trabaja desde un humanismo profundamente zen. No llega nunca al extremo contemplativo del slow cinema más radical, pero sí encuentra un ritmo pausado y meditativo que permite al espectador conectar poco a poco con las emociones de los personajes. Hamaguchi observa, toca, habla, escucha y camina junto a nosotros. Replicando el método humanista que la protagonista intenta instaurar dentro del asilo donde trabaja. Así como ella busca transformar ese espacio a partir de la empatía y el diálogo, Hamaguchi hace lo mismo con el espectador.
Para ello, nos lleva por largas conversaciones y discusiones sobre el propio método que sostiene el relato, pero también una reflexión sobre el capitalismo dentro de la cultura japonesa contemporánea. Esa contradicción de una sociedad históricamente ligada al respeto, al naturalismo e incluso a cierta espiritualidad animista, que terminó absorbida por las formas occidentales posteriores a la guerra. Sin embargo, Hamaguchi evita cualquier simplificación. Aunque la película parece sugerir que el sistema capitalista se encuentra al borde del colapso, también reconoce que existen aspectos inevitables e incluso funcionales dentro de él. Generando una tensión de la que no se puede escapar.
También, en «All of a Sudden» aparece otro tema central dentro de su filmografía: el lenguaje. Para Hamaguchi, el idioma nunca es una barrera, sino un puente. Ya estaba en «Drive My Car», donde actores de distintas nacionalidades dialogaban en su lengua propia. Aquí vuelve a surgir durante una obra teatral en Francia, donde un personaje decide actuar en japonés porque solo desde la lengua materna puede acceder realmente a sus emociones. Dejando una escena particularmente hermosa donde dos personajes hablan en japonés y uno de los espectadores exige traducción al francés. La respuesta del actor es simple: no hace falta entender literalmente las palabras para percibir la intimidad de ese momento.
Y en el fondo, eso es también el cine para Hamaguchi: una experiencia emocional que trasciende el lenguaje verbal. Pocos cineastas contemporáneos entienden eso con tanta claridad. Y probablemente nadie hoy sea capaz de demostrarlo una y otra vez con esta precisión y humanidad.

