Dirección: Na Hong-jin
Guión: Na Hong-jin
País: Corea del Sur
Reparto: Hwang Jung-min, Zo In-sung, Jung Ho-yeon, Taylor Russell, Cameron Britton, Alicia Vikander, and Michael Fassbender.
Cuarta película en la filmografía del joven director surcoreano Na Hong-jin y también cuarto estreno en Cannes. Hablando de vacas sagradas, esta es una de ellas. Y qué bueno que así lo sea.
«Hope» llegó al festival a romperlo todo y, por lo tanto, también inevitablemente a dividir a la crítica. La hipérbole es parte de la experiencia misma. Habrá quienes la amen, la adoren y la consideren desde ya un clásico instantáneo, y habrá otros a quienes les parecerá un despropósito, una película ruidosa que jamás debió estar en competencia oficial. Por acá, felizmente, formamos parte del primer grupo. Y siempre va a ser más placentero estar del lado de una película que del contrario. Ojalá la mayoría de veces fuera así.
Nosotros sí creemos que «Hope» es ya un clásico instantáneo en la Croisette, un clásico instantáneo del ¿fantástico? ¿de cuántos géneros más? pues es una locura absoluta, excesiva y ridícula. Una película inmensa. Y además, como ha dicho el propio director, todavía no finalizada del todo en postproducción. De hecho, uno de los elementos más criticados en estos días ha sido justamente el CGI, unos efectos especiales todavía defectuosos. Pero Na Hong-jin ya explicó que la película se aceleró para poder llegar a Cannes y que aún se trabaja en un corte definitivo.
Sin embargo, para nosotros eso no representa ningún problema. De hecho, que por momentos los efectos especiales se sientan crudos o imperfectos le agrega un plus a la película, porque «Hope» nunca se comprende ni se experimenta como una obra que busca ser perfecta, redonda o del todo conseguida. Y aunque eso suene contradictorio, tiene sentido porque la película abraza completamente el ridículo tanto en el fondo como en la forma y le propone al espectador hacer exactamente lo mismo. Resulta extraño quejarse de que ciertas imágenes se vean “baratas” cuando al mismo tiempo uno de los personajes recibe cinco, diez, quince golpes que matarían a cualquiera y aun así siga vivo. Pero ahí está justamente la clave: se sabe totalmente absurda, como muchas películas fantásticas, de acción o de espíritu ochentero. Y eso es precisamente lo que la vuelve tan especial.
«Hope» es una de esas películas que despiertan el asombro. Que te recuerdan, cuando uno ya empieza a desgastarse como espectador o cinéfilo, que el cine todavía puede crear algo nuevo. No hemos visto antes algo así, y eso, viendo tantas películas —más aún dentro de un festival— es algo muy raro y muy valioso. Y es una de las principales razones por las que uno viene a Cannes.
Quizás desde «Mad Max: Fury Road» no se estrenaba una película que llevara tan lejos los límites técnicos y fantásticos de una superproducción. Así de grandilocuente es. Así de impresionante. Y también, para poner un poco en contexto sin revelar demasiado —porque esta es una experiencia que debe vivirse—, «Hope» es una película profundamente vinculada a las formas del anime y que va a golpear directo en la yema del gusto de quienes disfrutan ese género. Es como una mezcla entre enfrenta a una mezcla entre «Shingeki no Kyojin», «Prometeo» y «La guerra de los mundos». Ingredientes potentísimos y protagónicos, pero aquí conviven todos al mismo tiempo. Y se complementan.
La película arranca con una secuencia larguísima de acción interminable y así continúa durante gran parte de su metraje. Sí, es reiterativa y repetitiva, pero en el mejor sentido posible. Porque es deliberado. La película busca generar ese efecto de eco, de boomerang, para que la sensación vaya in crescendo. Incluso los momentos de pausa —que son divertidísimos e hilarantes, como uno relacionado a un problema estomacal— siguen abrazando la exageración y la ridiculez del resto de escenas. Nunca se sienten como puntos muertos, porque luego la película vuelve a impulsarse de manera natural, orgánica y completamente desatada. Es como si hubiera una secuela dentro de la propia película. Como si aplicara la lógica del “más es más” hasta las últimas consecuencias. Y funciona.
Prepárense para persecuciones a pie, en autos, a caballo; para elementos de western mezclados con ciencia ficción y fantástico desbordado. Prepárense para una película extraordinaria y fascinante, capaz de despertar completamente el niño interno, de permitirte desconectarte por completo del mundo tangible y abrazar la ficción en su estado más puro. Imaginar, dejarse llevar y simplemente pasarla bien.
Es un éxito absoluto que algo así esté en competencia oficial. Esto es lo que queremos ver. Que Cannes sea ecléctico, que haya de todo —de todo lo bueno— y no una repetición constante del mismo tipo de cine. Que exista una diferencia radical entre las películas seleccionadas.
«Hope» va a ser un éxito en Corea y probablemente también a nivel mundial. Y sí creemos que, en nuestro presente donde reina lo efímero, este será uno de esos títulos que quedarán sellados en la memoria. Larga vida al cine fantástico. Larga vida a Na Hong-jin.

