martes, octubre 20, 2026

Late Fame

Opinión

Dirección: Kent Jones
Guión: Samy Burch, Arthur Schnitzler
País: EEUU
Reparto: Willem Dafoe, Greta Lee, Edmund Donovan · Samy Burch · Wyatt Garfield · Mike Selemon · Tommaso Ortino.

«Late Fame», presentada en la sección Orizzonti del Festival de Venecia de 2025 y protagonizada por Willem Dafoe, no solo es un slice of life, uno de esos pequeños fragmentos de vida que se detienen en un momento muy específico de la historia de un personaje, en el que un detonante o un acontecimiento inesperado lo saca temporalmente de su rutina, sino también una gran oportunidad para ver a uno de los grandes actores de nuestro tiempo en un registro bastante particular.

Dafoe es un intérprete camaleónico, extrovertido, excesivo, excéntrico y de un rango interpretativo enorme. Sin embargo, aquí lo encontramos en un papel mucho más realista, aterrizado, sencillo y humano, una rareza dentro de una filmografía en la que abundan personajes y registros mucho más extremos. En «Late Fame», su interpretación no necesita grandes gestos ni excesos para transmitir las contradicciones de un hombre que, después de haber dejado atrás sus aspiraciones artísticas, se enfrenta a la posibilidad de recuperar algo que creía perdido.

En «Late Fame»: las obras olvidadas del legendario poeta neoyorquino Ed Saxberger cautivan a un excéntrico grupo de jóvenes creativos, reavivando su pasión artística. La intriga de este grupo se entrelaza con la hechizante presencia de la actriz Gloria.

«Late Fame» puede recordarnos a películas recientes como la colombiana «Un poeta», como a determinados momentos de la filmografía de Jim Jarmusch, especialmente «Paterson», así como al clásico «Descubriendo a Forrester». En todos estos casos, de distintas maneras, nos encontramos con personajes vinculados a la creación artística, con sus aspiraciones, sus frustraciones y sus particulares formas de relacionarse con el mundo. En la película de Kent Jones, sin embargo, el protagonista es un poeta que ha dejado atrás las letras y que lleva décadas trabajando en una oficina postal de Nueva York.

La aparición de un grupo de jóvenes poetas y artistas le ofrece una oportunidad que quizá nunca llegó a tener en su momento: alcanzar la fama, recuperar el reconocimiento o, cuando menos, ser venerado por una nueva generación que descubre en sus antiguos poemas una genialidad que parecía haber pasado inadvertida. Al principio, Ed Saxberger acepta esta nueva situación a regañadientes, pero poco a poco empieza a integrarse en el grupo, hasta convertirse en una suerte de mentor, una figura admirada que ocupa un lugar privilegiado en el firmamento artístico de estos jóvenes.

Así comienza un nuevo camino de posibilidades para este poeta olvidado, aunque también aparece el riesgo de que los humos se le suban a la cabeza. La atención que recibe puede llevarlo a sentirse más grande de lo que quizá fue o a regresar a esa aspiración de grandeza que nunca llegó a materializarse. La película plantea entonces una pregunta incómoda: ¿qué sucede cuando la posibilidad de alcanzar el éxito llega demasiado tarde, cuando ya hemos construido una vida alrededor de su ausencia y quizá ni siquiera sabemos si todavía contamos con el talento, las ganas o la necesidad de conseguir aquello que alguna vez deseamos?

Resulta muy divertido observar cómo se va descifrando la realidad de este nuevo grupo de jóvenes y cómo contrasta con la experiencia vital del protagonista. Mientras ellos construyen su identidad artística desde una posición económica privilegiada, Ed pertenece a una generación y a un entorno social completamente distintos. A la misma edad que tienen estos jóvenes, él vivía en un barrio de Nueva York muy diferente y se enfrentaba a unas circunstancias económicas diametralmente opuestas.
Esta distancia entre ambos mundos es fundamental para entender las contradicciones que van apareciendo. Ed empieza a encontrarse con situaciones que lo llevan a cuestionarse a sí mismo, pero también a cuestionar a quienes lo rodean. Las diferencias entre sus respectivas experiencias, aspiraciones y formas de entender el arte generan una serie de discordancias que, lejos de acercarlo necesariamente a su objetivo inicial, lo alejan de él. Porque la cuestión ya no es únicamente alcanzar el éxito, sino preguntarse qué significa realmente tener éxito, qué significa ser poeta, qué era lo que uno quería conseguir y, sobre todo, si todavía lo quiere.

La película también nos invita a reflexionar sobre las oportunidades perdidas y sobre la posibilidad de que, en realidad, no todas lo sean. ¿Existe un momento para cada cosa? ¿Hay aspiraciones que, una vez que el tiempo ha pasado, dejan de tener sentido? ¿O acaso seguimos persiguiendo determinadas metas porque nos cuesta aceptar que nuestra vida ha tomado otro rumbo y que quizá ese rumbo, con todas sus limitaciones, también nos satisface? En el caso de Ed, la posibilidad de recuperar una antigua ambición lo enfrenta a la necesidad de decidir si realmente quiere volver a ser el hombre que alguna vez imaginó que sería.

También resulta muy interesante el personaje de Gloria, interpretado por Greta Lee. Hay un momento particularmente revelador en el que la vemos despojada del personaje que ella misma construye, de ese rol artístico que proyecta ante los demás. Por un instante, podemos observarla tal como es, más allá de la representación que sostiene frente al grupo. Esta revelación permite comprender mejor algunas de sus motivaciones y, al mismo tiempo, aporta una perspectiva importante para entender la mirada del protagonista y el desarrollo de la trama.

A lo largo de la película encontramos numerosos momentos graciosos y divertidos, construidos a partir de un humor inteligente que, en ocasiones, llega a ser negro. Buena parte de este humor nace de las posturas y las falsas posturas, de las aspiraciones y las búsquedas relacionadas con el hecho de ser artista, pero también con la juventud y, especialmente, con los privilegios. Los personajes construyen versiones de sí mismos, algunas conscientes y otras inconscientes, y terminan atrapados, de una u otra manera, en los disfraces que utilizan para desenvolverse en este pequeño universo artístico.

Estamos, finalmente, ante un gran guion que no pretende sentirse gigantesco ni extraordinario, sino que encuentra su fortaleza en pequeñas observaciones y en ciertas sabidurías que solo pueden surgir de la experiencia y del paso del tiempo. Kent Jones construye una historia pequeña, protagonizada por un personaje aparentemente insignificante, para reflexionar sobre asuntos mucho más grandes: el éxito, el talento, la identidad, el privilegio, la vejez y la necesidad de ser reconocido por los demás.

En ese sentido, «Late Fame» demuestra que no hace falta una historia monumental para hablar de cuestiones trascendentales. A través de este pequeño fragmento de vida, de un hombre que quizá ya no necesita aquello que alguna vez creyó indispensable, la película encuentra verdades que terminan siendo más grandes que la vida misma. Larger than life, como se dice en un momento. Y quizá allí resida su mayor virtud: recordarnos que, a veces, las historias más pequeñas son las que mejor consiguen hablar de aquello que realmente importa.

8/10

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