Escribe: Carlos Bambarén
Desde este año me acredité como votante de los Globos de Oro, formando oficialmente parte de los miembros de la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood, que ahora se extiende a unos 400 votantes de varios países del mundo. Nuestro rol es el de votar para nominar a las diferentes categorías y luego volver a hacerlo para elegir a los ganadores que se anuncian en el show televisado de comienzos de cada año. Esta labor viene con una plataforma de streaming donde podemos ver todas las películas que participan, incluyendo varios títulos de diversos festivales y estrenos que aún no llegan (y algunos nunca llegarán) a nuestra cartelera local.
La Grazia, de Paolo Sorrentino.-
(Italia, 2025)
Es un soplo de aire fresco. De (ciertamente falsa) esperanza que significa para nosotros, peruanos – o en este desolador presente, para cualquier ciudadano del mundo – haber visto un retrato positivo de un presidente. De uno amable. Justo. Inteligente. Tierno. Romántico. Elegante.
No solo porque la realidad política global y la de aquellos que están actualmente en el poder dista por completo del personaje interpretado (para variar maravillosamente) por su actor fetiche Toni Servillo, sino porque ademas en el cine, por lo menos recientemente (salvo pocas excepciones), la gran mayoría de películas hace hincapié en revisar desde la ficción o documental, a líderes problemáticos, corruptos, desgraciados y delincuenciales. Porque en efecto, son los que sobran. Y en el mejor de los casos (si se permite), que generan un halo gris de interés en el relato.
En «La Grazia», el presidente es más Papa que el Papa (quien ademas es su amigo) y solo tiene dos importantes conflictos. Uno interno, que tiene que ver con la nostalgia y depresión de seguir existiendo luego de que su esposa hubiera fallecido. Volviendo una y otra vez a ella, su recuerdo y su falta. Y otra externa, que tiene que ver con la disyuntiva final de su mandato: legalizar o no la eutanasia. Siendo el cristiano y creyente.
Finalmente, como pasa siempre con el cine de Sorrentino, la italianidad está puesta en escena en su máxima expresión. En todas sus facetas, formas, colores y sensaciones. La idiosincracia del país de la bota a 24 cuadros por segundo.

After The Hunt, de Luca Guadagnino.-
(EEUU, 2025)
La película más polémica del último Festival de Venecia (y quizás del año). En donde Luca Guadagnino decidió golpear la mesa con un puñetazo y botar todos los platos y vasos haciendo crujir los vidrios y quebrar las cerámicas. O al menos, así lo sintió y escribió buena parte de la crítica especializada, profundamente dividida luego de su primera proyección. Para la otra mitad, se trata de uno de los thrillers más agudos sobre la cultura woke, las prácticas de la cancelación y toda la ética (y falta de esta) que suele envolver casos complejos como el acá presente. En esa hendidura, nosotros nos encontramos bien parados en el lado que ve con más que bueno ojos el nuevo título del prolífico director italiano.
En «After The Hunt», «una profesora universitaria (Julia Roberts) se encuentra en una encrucijada personal y profesional cuando una estudiante estrella (Ayo Edebiri) acusa a uno de sus compañeros de trabajo (Andrew Garfield) y un oscuro secreto de su pasado amenaza con salir a la luz».
Pocos directores manejan actualmente la puesta en escena como lo hace Guadagnino. Es verdad que es frenética y maximalista, buscando impactar con una variedad intensa de técnicas y trucos. Pero tambien es cierto que exhibe (véase «Challengers» o «We Are Who We Are») cada vez más la maestría y depuración en sus últimos trabajos. Sobre todo en la dinámica de los diálogos. Ya sea a través de la composición de los cuerpos, la posición y movimiento de la cámara o el juego con los sonidos. Siempre en búsqueda de tensiones que alcanzan registros insoportables.
Y así como nos resulta innegable que «After The Hunt» recuerde grandes títulos (algunos clásicos) del género, también es verdad que Luca ha sido pícaro, por decir lo menos, al tratar un tema complejo y punzante siendo, probablemente su máximo referente visual (hasta en la tipografía le rinde tributo) Woody Allen. Uno de los directores más cuestionados, perseguidos y cancelados. El director italiano, ¿valiente? ¿atrevido? ¿impetuoso? fue a la yugular y puso la suya por delante.

No Other Choice, de Park Chan-wook.-
(Corea del Sur, 2025)
Años después, llega la inesperada respuesta del maestro Park a la gran “Parasite” de su compatriota Bong. Una magistral comedia absurda de humor tan negro como la noche. Donde quizás el drama social/familiar, tal como sucedía con la múltiple ganadora de premios en el 2019/20, sea el núcleo y eje de todo el asunto, pero que lejos de centrarse o someterse a un género, suma más al contenido. La diferencia está en que en vez de brincar entre ellos (Como en Parasite), acá Park los mezcla usando giros y sorpresas para ir incluyéndolos de a pocos en la ecuación.
También es verdad que es una versión bastante más absurda y cínica, y tambien una crítica a la sociedad escrita desde ese ángulo. Cuestión que puede quitarle cierto peso o profundidad pero que indiscutiblemente eleva el humor, generando incomodidad y extrañeza.
En «No Other Choice», «la historia sigue a un hombre de mediana edad llamado Man-su que se embarca decidido en una búsqueda de trabajo tras ser despedido inesperadamente de la compañía de papel en la que trabajó durante 25 años. «Si no hay una vacante para mí, tendré que crear una para que me contraten. No hay otra opción». Adaptación de la novela «The Ax» de Donald E. Westlake, que ya fue llevada al cine en la película «Arcadia», dirigida por Costa-Gavras en 2005.
Y si hablábamos de la depurada puesta en escena de Guadagnino, el coreano es otro que siempre brilla en ese sentido, con su estilo y esteticismo excesivo y exuberante. Donde además, hace rato podemos decir que Park es el actual maestro de las transiciones, fundiendo las imágenes y saltando de una a otra con genuina creatividad. Acá vuelve a dejar unas diez para la memoria.
Y ojo a la escena donde el volumen de la música que escuchan los personajes es tan alto que no pueden oírse entre ellos. Espectacular.

Bugonia, de Yorgos Lanthimos.-
(Irlanda, 2025)
El director griego, hace ya varios años abrazado y mimado por Hollywood, sigue encaminado en su onda misantropa y cínica, retratando a especímenes humanos (y quizás de otro mundo) desagradables y desgraciados, de los cuales hay poco que rescatar y menos aún con lo cual empatizar. Perdiendo también un poco de la gracia, humor y novedad de sus primero trabajos.
Esta vez, haciendo un remake de la película surcoreana de culto de 2003, «Save the Green Planet!». Nuevamente con los protagónicos de Emma Stone y Jesse Plemons. Dos de los mejores actores de su generación.
En «Bugonia», «dos jóvenes conspiranoicos secuestran a la poderosa presidenta de una gran compañía, convencidos de que se trata en realidad de una extraterrestre decidida a destruir el planeta Tierra.»
Aparte de la manera en la que Lanthimos encara y retrata a sus personajes, queda remarcada su ya clásica puesta en escena y decisiones estéticas de colores reventados y esos difuminados extremos del fondo (tan de moda actualmente). También por esto es que se siente como un ejercicio más de relleno dentro de su filmografía. Como sucedía con la aún menor «Kinds of Kindness».
Ahora, la película funciona bien dentro de la intriga. Aquella generada por la duda – conociendo la premisa – de si el personaje de Emma Stone es una empresaria exitosa o efectivamente, como lo piensan los secuestradores conspiranoicos, una extraterrestre del espectro negativo. Esa interrogante que sostenía el suspenso, se destruye por completo en un final aberrante y explicativo que parece más un sketch de «comedia» absurdo y delirante. Hubiera sido mejor un final abierto, como sucedía con «K-Pax», otro remake gringo de un clásico argentino («Hombre Mirando al Sudeste»).
El epilogo además es totalmente gratuito. Cuanto esfuerzo de producción para un onanismo visual innecesario.

Is This Thing On, de Bradley Cooper.-
(EEUU, 2025)
La vuelta por la puerta (necesariamente) chica de Bradley Cooper, luego de su fallida «Maestro» y la espalda dada por la crítica y votantes variados durante la temporada de premios. El actor norteamericano se esforzó anto por generar su Oscar bait y lograr la estatuilla, que terminó generando el rechazo casi unánime.
Ahora, bajándole tres cambios y quitándose protagonismo (aunque igual en un papel absurdo y divertido), ha optado por una comedia bastante más pequeña, sentida e intima. Con ciertas sensaciones y matices de películas del género que cada vez florecen menos. Y es una inmensa pena que sean una especie en extinción.
En «Is This Thing On«, «mientras su matrimonio se desmorona silenciosamente, Alex se enfrenta a la mediana edad y a un divorcio inminente, buscando un nuevo propósito en el mundo de la comedia neoyorquina, mientras que Tess se enfrenta a los sacrificios que ha hecho por su familia, lo que les obliga a lidiar con la crianza compartida, la identidad y si el amor puede adoptar una nueva forma.»
Cooper logra una buena estampa de la escena cómica actual de aquellos lares y de los problemas personales que suelen ser llevados al escenario por los comediantes de a pie. Para ello, Arnett está genial en una de sus mejores actuaciones a la fecha. Bastante natural en un papel que le queda como anillo al dedo.
Efectivamente si este cine que está muriendo, será bueno al menos que esta quede como una de sus últimas expresiones.

If I Had Legs I’d Kick You, de Mary Bronstein.-
(EEUU, 2025)
Decían que es onda Safdies y algo de razón tendrán, pero nos resulta bastante más Aronofskyana. En ese arco de Sara Goldfarb en “Réquiem Por un Sueño” (y la secuencia final) o en la polémica “Mother”. Más odiada que querida.
Pero acá, en este relato tenso, angustioso, sofocante y pesadillesco sobre la (no) maternidad – desde la identidad de una mujer/madre – y el tortuoso y enloquecido deseo del bienestar de una hija, Mary Bronstein logra no pasarse esa raya invisible (de lo “aceptable”), que Darren muchas veces ignora por completo.
En «If I Had Legs I’d Kick You», «con su vida literalmente derrumbándose a su alrededor, Linda intenta lidiar con la misteriosa enfermedad de su hija, su marido ausente, una persona desaparecida y una relación cada vez más hostil con su terapeuta.»
Muy buenas las herramientas utilizadas para generar incomodidad y extrañeza. Como la hija que nunca se ve, en clave Kaufman perverso o visitando la dimensión de Lynch. Incluso para apretar el acelerador y entrar en el reino del terror.
Y el tour de force de Rose Byrne es formidable. Gran actriz. Le esperan varios premios.

Blue Moon, de Richard Linklater.-
(Estados Unidos, Irlanda, 2025)
Linklater y pocos más. ¿Ninguno más? Puede estrenar dos películas memorables de puro cine y cinefilia en un mismo año. Ya habíamos visto “Nouvelle Vague”, y ahora tocó “Blue Moon”. Dos de los mejores títulos de sus propias ediciones festivaleras (la primera en Cannes y esta en La Berlinale).
En «Blue Moon» nos adentramos «en la noche del 31 de marzo de 1943, el legendario letrista Lorenz Hart se enfrenta a su dañada autoestima en el bar Sardi mientras su antiguo compañero creativo Richard Rodgers acoge la noche inaugural de su exitoso musical «¡Oklahoma!». Antes de que la noche acabe, Hart se habrá enfrentado tanto a un mundo que ya no valora su talento como a la aparente imposibilidad del amor.»
Extraordinario cast, lleno de actores que amamos (Bobby Cannavale, Andrew Scott y Margaret Qualley), encabezado por un enorme (pequeño) Ethan Hawke en una actuación cumbre. Quizás la mejor del año.
Ah, y mención honrosa a Patrick Kennedy quien está perfecto como E.B. white.
La película es como quedar alegremente atrapados en el bar de “Medianoche en Paris”, recorriendo a partir de conversaciones guiadas por la verborrea de Lorenz Hart (Hawke) sobre lo agridulce del amor, gracias a un genial guion lleno de ideas, poesía y humor para narrar lo inefable.

Marty Supreme, de Josh Sadie.-
(Estados Unidos, 2025)
Safdie (Josh) vuelve a sus andanzas y nos entrega una de las mejores comedias (negras y disparatadas) del año. A la altura y 100% con ese estilo eléctrico, adrenalínico y trepidante de sus “Uncut Gems” y “Good Time”.
Acá nuevamente seguimos a un protagonista (real) amoral (y hasta desagradable), genio del ping-pong y embustero, en una serie de situaciones que van de mal en peor. Varias de ellas ridículas e hilarantes. Donde cada decisión tomada es peor a la anterior, llevando al protagonista a un callejón si aparente salida.
«Marty Supreme» es un «Biopic de Marty Reisman, un buscavidas convertido en campeón de ping pong, desde que empezó a jugar por apuestas en Manhattan hasta ganar 22 títulos importantes y convertirse en el más veterano en ganar una competición nacional de deportes de raqueta, con 67 años.»
Timmy, quien no es santo de nuestra devoción, está excelente en su mejor papel desde CMBYN (o en general). Ágil, locuaz y muy divertido. Aún así, en su máxima expresión, nos hace ruido en la falta de química y disonancia con Gwyneth Paltrow, quien retorna por la puerta grande luego de años en la franquicia de Marvel.
Además de Chalamet, Josh se da la libertad de juntar a un elenco peculiar y ecléctico que incluye a “Mr Wonderful” (el empresario canadiense) en un gran papel o Abel Ferrara en un arco absurdo y bastante ocurrente. Actores y no actores que le brindan distintos tintes interpretativos a los personajes.
Finalmente gran banda sonora de Daniel Lopatin y una muy buena elección de clásicos musicales.

Left Handed Girl, de Shih-Ching Tsou.-
(Taiwan, 2025)
Ya quisiera la Tierra de OZ de “Wicked” sentirse tan viva y vibrante como la Taipei de “Left Handed Girl”, la excelente ópera prima de la directora Shih-Ching Tsou. Y eso que esta ha sido producida con una fracción del presupuesto y grabada con iPhones. Pero nuevamente el cine demostrando que eso es lo de menos.
Sean Baker produce, co-escribe y edita esta pequeña película, impregnándole su ADN (para bien) y regresando (de Anora) a sus raíces. Sus personajes suelen estar, vivir y sufrir situaciones y lugares similares, en varios sentidos, pero acá es él mismo quien cambia lo «espectacular» por una radiografía bastante más genuina y cercana, en todo sentido. Que Shih-Ching Tsou comprende y lleva a su propia idiosincracia con mucho brío.
En «Left Handed Girl»: Una madre soltera y sus dos hijas regresan a Taipei tras varios años viviendo en el campo para abrir un puesto en un bullicioso mercado nocturno. Cada una a su manera, tendrán que adaptarse a este nuevo entorno para llegar a fin de mes y conseguir mantener la unidad familiar. Tres generaciones de secretos familiares empiezan a desvelarse después de que su abuelo tradicional le diga a la hija menor, que es zurda, que nunca use su «mano del diablo»
Una niña que es una estrella, un suricata y tres generaciones de mujeres en un relato bastante duro, pero con harto corazón y sus constantes palmaditas de comedia. Uno de los mejores caballos de Netlfix de cara a la temporada de premios.

Sound of Falling, de Mascha Schilinski.-
(Alemania, 2025)
Estuvo en el último Cannes y fue una de las favoritas de la edición, pero nos la perdimos al escoger por sobre ella la charla con Robert de Niro. Una decisión cuestionable, sobre todo por la dificultad de verla luego (al no ser estrenada en nuestro país). Felizmente pudimos rescatarla gracias a los Globos de Oro, ya que se trata de uno de los relatos más potentes y bellos sobre traumas heredados y compartidos. Generación a generación. De mujer a mujer. En una misma granja.
En «Sound of Falling», «cuatro niñas, Alma, Erika, Angelika y Lenka, pasan su juventud en la misma granja del norte de Alemania. A medida que la casa evoluciona a lo largo de un siglo, los ecos del pasado perduran en sus paredes. Aunque separadas por el tiempo, sus vidas empiezan a reflejarse.
Mascha Schilinski logra canalizar y catalizar el sentir de esta sororidad intangible gracias a una puesta en escena brillante y fantasmagórica, al mejor estilo de Bergman, Tarkovsky o, más recientemente (y con la distancia y respeto que se merece), lo conseguido por Joanna Hogg en la excelente «The Eternal Daughter». Todo en la película, en sus decisiones técnicas y artísticas, contribuyen y se condicen en pos de generar y potenciar lo que se narra. Y lo que no. Sobre todo lo último.
Lo invisible. La dimensión «desconocida» y fantasmal cobra protagonismo. Es aún más tangible que lo que se puede ver y tocar. Obviamente esto genera una sensación peculiar en el espectador quien, al entrar en contacto con el material, se sumerge tambien en una depuración compleja y poderosa.

The Testament of Ann Lee, de Mona Fastvold.-
(Reino Unido, 2025)
Es el musical del año.
Y el musical menos convencional.
Y estrictamente hablando, no es un musical.
Tremenda banda sonora decorada con coreografías precisas (y preciosas) en un retrato inesperado de una figura religiosa que desconocíamos por completo.
Amanda Seyfried en el papel de su vida.
Seguiremos explanándonos sobre ella.

