Dirección: Carla Simón
Guión: Carla Simón
País: España
Reparto: Llúcia Garcia · Mitch Robles · Tristán Ulloa · Celine Tyll · Miryam Gallego · Janet Novás · José Ángel Egido · Sara Casasnovas
Hace un par de años Carla Simón se llevó el Oso de Oro en la Berlinale con «Alcarrás», título que significaría el culmen de su cine naturalista. Ahora, junto a Laxe y su «Sirat», aterrizan en Cannes para que el cine español no solo diga «presente» sino que campeone en el sur de Francia.
En «Romería», «Marina viaja a Vigo para conocer a la familia de su padre biológico, que murió de sida, al igual que su madre, cuando ella era muy pequeña. A través de los encuentros con sus tíos, tías y abuelos, la joven intenta reconstruir un relato de sus padres, pero todos sienten demasiada vergüenza hacia los conflictos de drogas de la pareja, algo que Marina les recuerda con su presencia. Será la historia de amor adolescente que vive con su primo lo que le permite reimaginar a sus padres y conectar con ellos. De esta forma, inventa un cuento, gracias al diario de su madre, que la libera del estigma que su familia siente por ellos y cumple el deseo de entender el pasado… «
Es curioso, más allá de propias artimañas de los programadores, la coincidencia y casualidad o causalidad que ha ocurrido en esta edición. Dos películas esperadísimas, de dos autoras ya consagradas y contemporáneas, conversan entre ellas hasta unirse en lo profundo de sus raíces. «Romería» y «Alpha» (Ducournau), aún siendo profundamente opuestas en estilo, hallan también en esta hondura un mismo pilar del cual surge el relato. La enfermedad física, producida por el VIH, y aquella generada por la adicción a la heroína. Es lo que gatilla, mueve y conmueve. Tanto a los personajes de la ficción como a las directoras que los manejan. Sin embargo, lo que a «Alpha» le falta a «Romería» le sobra. Lo que a la primera le sobra, felizmente la segunda no lo tiene.
Si bien los recuerdos familiares, sus dinámicas y cercanías continúan en «Romería», hay cierto alejamiento al naturalismo de sus trabajos anteriores en búsqueda de una mirada más narrativa. Que eso sí, al ser una historia propia, sentida y nacida – como contada – desde las entrañas, se siente tan natural como a lo que nos tiene acostumbrados su cine. La ventura de Simón, más que en sacar un pie del estilo habitual, está en meter ambos al charco de su memoria. De su linaje. Es la autobiografía, un retazo de esta y de la de sus padres la que se asoma con cariño, miedo, tensión, amor y perdón. Todo ello representado y personificado, en todo sentido, por «Marina», su alter ego.
Simón también encuentra en «Romería» la manera de jugar con formatos, asomar lo poético e incluso presentar lo político. Todo esto sin caer en lo exagerado u obvio, sino fluyendo con esa tranquilidad, pausa y encanto que le representa. Aquello que conmueve llega sin redobles, lo que emociona depende de cada uno, lo que sorprende varía según el lugar propio.
Que no engañe el barullo y premio de «Sirat», tan merecido y que nosotros aplaudimos. Pero es que a su lado tiene otra digna representante del cine español – de un cine español – que merece la misma atención. Bravo por ambas.


