jueves, mayo 14, 2026

Apolo 10½: Una infancia espacial

Opinión

Dirección: Richard Linklater
Guión: Richard Linklater
País: EEUU
Reparto: Animación, Zachary Levi, Jack Black, Glen Powell, Josh Wiggins, Samuel Davis, Lee Eddy, Bill Wise, Mona Lee Fultz, Nick Stevenson, Brian Villalobos, Andrew N Sears, Nicholas Andrew Rice, Holt Boggs, Keslee Blalock, David DeLao, Jessica Brynn Cohen, Avery Joy Davis, Danielle Guilbot, Natalie L’Amoreaux, Larry Jack Dotson, John Kaler, Kasey James, Jared Wayne, Christian Moran, Brent A. Riggs, Sam Chipman, Wyatt Lindner, Eyland Gaddy-Brewer, Kristy Harris, Stan Taylor, Taye Cannon, Alonso Sandoval, Brad Cabral, Xavier Patterson, P. Michael Hayes II, Asher Chamoy, Milo Coy, Helen Hostetter, Gedeon Bring, Basilio Romo, Natalie Joy, Cameron Marrero, Erin Scialabba, Chris Zurcher, Ezra Klimek, Tatum Oxenreider

Richard Linklater es muy querido por estos lares cinestésicos. Porque su cine, constantemente logra ser extraordinario y sino, al menos, muy suyo. Muy humano. Muy personal. 
En su filmografía tiene clásicos para nuestras vidas. Insértese títulos que han sido parte importante de nuestra infancia, como “Escuela de Rock”, adolescencia, como “Dazed and Confused” o juventud, como la trilogía “Before” (Sunrise, Sunset, Midnight). Su cine, básicamente, ha sido un «coming of age» para nosotros. 

Por eso cada estreno suyo, así sea pequeño y poco sonado, como sucedió con “Last Flag Flying”, será tomado con el respeto y cariño que merece y que ha ganado a pulso. “Apolo 10½: Una infancia espacial” encima llegaba con vuelo. Venía de presentarse en el Festival SXSW y prometía continuar en Cannes. Sin embargo, de imprevisto y con el silencio detrás más que con bombos y platillos, llegó a la cartelera de Netflix. Casi como un título más. Cuando no lo es. No tanto como un desaire del titán del streaming (¿o sí?) Sino más bien como síntoma de estos tiempos, de estrenos constantes, apretados y consumidos entre sí. Las películas “pequeñas” como esta, ya no reciben el respaldo mediático que merecen y no hay mucho que hacer (¿o sí?).

En “Apolo 10½: Una infancia espacial” retrocedemos a los años 60, más precisamente al noveno año de aquella década, a vísperas de la llegada del hombre a la Luna. Acompañando a una familia, cercana a la Nasa, en este acontecimiento que cambiaría el rumbo de la humanidad. 

En “Apolo 10½: Una infancia espacial”, Linklater utiliza la animación y anima lo grabado en carne y hueso (rotoscopia), como ya lo hizo anteriormente en dos películas (“Waking Life”, “A Scanner Darkly”). Solo que en este caso, lo hace para dotar al producto con una capa más de lo que ya en la narración, magistralmente, consigue. Hacer una suerte de viñeta animada, de crónica dibujada sobre su infancia. Sobre la infancia de muchos. Con un nivel de detalle, cariño y fluidez que pocos alcanzan. No es su primera vez. 

Ya dependiendo del año en el que uno ha nacido, exacto a la fecha en la que se sitúa esta historia, cercano a la fecha o décadas después, el impacto será distinto. La melancolía, la nostalgia y el asombro, en algún sentido, será igual. O similar. Porque Linklakter sabe como darle a cada espectador lo que necesita. Pero sí será distinto el recuerdo de cada uno. El que lo vivió de cerca lo revivirá íntimamente. El que lo escuchó de sus padres, revivirá lo oído y encontrará la imagen, imaginada antes, ser trazada en la pantalla. Pero ahí ambos se encontrarán en la narración. Disfrutándola tal cual. 

Recomendamos profundamente ver “Apolo 10½: Una infancia espacial”, un viaje en cohete al pasado. A un pasado donde no existía el internet, ni las redes sociales, ni los celulares, ni muchos de los temores actuales o futuros. Para viajar entre la música de la época, los juegos infantiles, las rutinas diarias, las loncheras del colegio, las bromas telefónicas, los hippies, las series repetidas o aquellas que solo duraron una temporada y las idas al cine para ver “La Novicia Rebelde” o “2001: Una Odisea en el Espacio”. Qué lindo es volver. 


9/10

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