viernes, mayo 22, 2026

Cannes 79: Coward

Dirección: Lukas Dhont
Guión: Lukas Dhont, Angelo Tijssens
País: Bélgica
Reparto: Emmanuel Macchia, Valentin Campagne, Jonas Wertz, Jef Jacobs, Mathieu Carpentier, Anaëlle Fournier, Mistral Guidotti

Lukas Dhont continúa explorando en su filmografía temas relacionados al descubrimiento sexual y la identidad de género, pero en un registro bastante más ambicioso ambientado en la Primera Guerra Mundial. Y aunque el eje sigue siendo, finalmente, la relación que surge entre dos personas, el contexto bélico le da una dimensión mucho más grande y aparatosa a la propuesta. Ahora bien, más grande no siempre significa mejor, y aunque «Close» nos parece superior, sí creemos que con «Coward» mantiene un muy buen nivel y que justamente por esas ambiciones tiene sentido que haya formado parte de la competencia oficial de esta edición de Cannes.

En «Coward»: «1916. Primera Guerra Mundial. Pierre es un joven soldado belga, recién llegado al frente, que está ansioso por demostrar su valía. Allí conoce a Francis, que decide levantar el ánimo de sus compañeros montando un espectáculo teatral. En medio de la violencia, ambos hombres intentan encontrar la manera de escapar de la brutalidad de la guerra, aunque sólo sea brevemente, mientras se cuestionan las nociones de heroísmo y cobardía.» 

Las películas bélicas suelen generar una conexión inmediata con el espectador. Hay algo en el dolor, la tragedia y la tristeza de la guerra que inevitablemente impacta. Incluso cuando son relatos íntimos y contenidos, como este, la guerra sigue representando una de las situaciones más extremas que puede atravesar el ser humano. Es muy difícil no empatizar con personas arrancadas de sus familias, de sus espacios y utilizadas como carne de cañón, especialmente cuando se trata de jóvenes que todavía tenían toda una vida por delante. Muchos no volverán nunca, y quienes sí lo hagan probablemente cargarán heridas o traumas para siempre.

Por ello es que funciona muy bien el protagonista de «Coward», un personaje construido para que poco a poco vaya creciendo y adaptándose a este entorno hostil, pasando de una sonrisa ingenua a una mirada que inicialmente busca la aprobación del resto y se va tornando profundamente triste. Aún así, hay una inocencia permanente en él, una necesidad de observar al otro para saber cómo reaccionar, si reír o no, cómo comportarse, cómo encajar. Va tanteando el entorno poco a poco para poder encontrarse dentro de él.

Esa inocencia halla finalmente un puerto cuando aparece el otro protagonista, quien le permite identificarse consigo mismo y descubrir quién realmente es. Porque estamos hablando de un joven granjero, alguien sin experiencia, que conoce muy poco del mundo y que todavía no sabe qué quiere ni cuál es su lugar. Y termina realizándose a sí mismo justamente en el peor escenario posible: una guerra. Pero dentro de ese horror aparece otro espacio, uno artístico y teatral, y aparece también este actor que le abre las puertas hacia una vida distinta, hacia un lugar donde finalmente puede sentirse él mismo. Obviamente, esto también implica otra lucha: sobrevivir dentro de un entorno marcial y profundamente machista siendo además parte de una minoría sexual.

Es cierto que la película cae en algunos lugares comunes y que, hasta cierto punto, no propone nada demasiado nuevo dentro del género. Hay elementos que resultan familiares o incluso trillados. Pero donde realmente encuentra sus mejores momentos es en la intimidad y sensibilidad de la relación entre los protagonistas, especialmente en aquellos instantes más teatrales, lúdicos y emocionales. Hay una secuencia en particular, donde “nieva”, que resulta especialmente hermosa y conmovedora.

Y quizás lo más potente de «Coward» aparezca en esos momentos catárticos de canto colectivo, casi tribal, que recuerdan por momentos a la maravillosa «The Testament of Anne Lee», aunque sin la dimensión religiosa. Son escenas donde la película encuentra una fuerza emocional muy particular, logrando transmitir tanto la necesidad de pertenencia como el deseo de escapar, aunque sea por unos minutos, de la brutalidad de la guerra.

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