Dirección: Zach Cregger
Guión: Zach Cregger, Shay Hatten. Videojuego: Capcom
País: EEUU
Reparto: Austin Abrams, Paul Walter Hauser, Zach Cherry, Johnno Wilson
Definitivamente, 2026 ha sido un gran año para el terror. Si bien buena parte del éxito ha sido copado por los Yndies (directores salidos del mundo de YouTube) —con éxitos de taquilla tan inesperados como «Obsession» y «Backrooms»—, son varios los títulos del género que han funcionado muy bien, tanto en la pantalla grande como en en el streaming (véase «Windows Bay» en AppleTV). Y aunque pocos de estos abracen aquello que conocemos como terror elevado, sí es un gran año para el horrormedy: películas que entienden que el terror también puede funcionar desde la comedia (o viceversa). Y precisamente en ese espectro se encuentra «Resident Evil: Noche cero», la nueva película de Zach Cregger, quien ya se ha convertido en una voz importante dentro de ese tipo de horror.
Si en «Barbarian» el director sorprendía por su creatividad y por la perturbación que conseguía generar a partir de un espacio tan cotidiano como un Airbnb, jugando además con los saltos temporales, y en «Weapons» lo lograba gracias a un personaje icónico como la tía Gladys y a su estructura Rashomonica, en «Resident Evil» apuesta por una estructura narrativa mucho más sencilla en pos de algo más difícil de conseguir: una tonalidad mucho más redonda.
Es la primera vez que su habitual (des)balance entre terror y comedia no nos genera ruido. Cregger evita la solemnidad, el horror barato y esa acción trepidante que tantas veces ha acompañado al universo de «Resident Evil» y al género de zombis. Acá, la comedia nace de la idea simple de poner al peor candidato posible en la peor situación imaginable. Austin Abrams calza perfecto en el papel, demostrando un muy buen timing cómico. Su personaje es, básicamente, un gamer principiante enfrentándose al día cero de la propagación de un virus. Un jugador que entra a un nivel extremadamente difícil de un videojuego que nunca ha utilizado, sin conocer las reglas y sin saber cómo avanzar.
Y de ahí surge el humor: de su torpeza, de su ignorancia y de su incapacidad para comprender lo que está sucediendo y tomar las riendas de la situación. Saliendo adelante por un azar excesivamente favorable. El protagonista no sabe que está dentro de un mundo atacado por zombis. Él simplemente cree que está teniendo una muy mala noche. Nosotros, en cambio, sabemos perfectamente lo que está ocurriendo. Esa diferencia de conocimiento entre personaje y espectador es la que permite que el suspenso se transforme en comedia y que la tensión termine provocando risas.
Pero quizá lo más interesante sea cómo la película entiende que llevar a la pantalla grande «Resident Evil» no significa necesariamente adaptar su historia, sino su jugabilidad. Hay un sinfín de referencias al videojuego: planos en primera persona, selección de armas, candados y uso de llaves, espacios cerrados, juegos de luz con linternas y sombras, además de una cantidad considerable de insights e easter eggs. Todo está construido para que el gamer reconozca las reglas de ese universo y, de alguna manera, se sienta jugando.
Y este es un buen momento para decirle basta a esa idea tan repetida de que una película puede ser «buena película, pero mala adaptación». Adaptar no significa trasladar un material respetándolo íntegramente. Qué tanto se conserva y qué tanto se transforma es, finalmente, una decisión creativa. Una adaptación no es buena porque siga al pie de la letra el material original, sino porque consigue trasladarlo/transmutarlo de la mejor manera posible al lenguaje cinematográfico. Y eso es precisamente lo que hace Cregger.
Finalmente, la película va de menos a más. Tiene buenos scare jumps para quienes disfrutan de estos sustos, imágenes bastante creativas y verdaderamente asquerosas, con más de una referencia a «La cosa» de Carpenter. Pero, sobre todo, abraza el absurdo de la situación y la predictibilidad de los acontecimientos sin tomárselos demasiado en serio.
«Resident Evil: Noche cero» no está nada, pero nada mal.

