Luego de más de cuatro décadas, el festival se muda de ciudad. Agarra las maletas cinéfilas y parte a Boulder, Colorado. Donde, eso sí, se seguirán contando las nuevas historias del cine independiente estadounidense y de otros lares del mundo. A nosotros no nos tocó vivir la experiencia presencial, con ese clásico manto de nieve cubriendo el pintoresco pueblo de Utah. Ya veremos si, en alguna edición futura, viajemos al nuevo hogar. Eso sí, seguimos cubriendo el festival a la distancia, a través de la plataforma virtual y del streaming creado para la prensa. La experiencia no será la misma – pues el cine siempre en el cine – pero al menos continuamos disfrutando y rescatando películas que, en muchos casos (sino en su mayoría) de no verlas durante estos días festivaleros, no sabríamos de ellas ni tendríamos dónde encontrarlas. Una verdad cada vez más grande. Y triste.
Night Nurse (2026)
Director: Georgia Bernstein
País: EEUU
★★½
La excelente secuencia inicial —probablemente lo mejor de toda la película— sugería la posibilidad de un thriller intrincado y perverso, de esos que poco a poco van revelando sus capas morales y psicológicas mientras el espectador intenta descifrar qué está ocurriendo realmente. Hay una atmósfera prometedora en esos primeros minutos: una tensión latente y un posible misterio listo para desplegarse en múltiples direcciones.
Lamentablemente, la película pronto cae en una especie de letargo monótono del que nunca termina de salir. O peor aún: parece no querer hacerlo. La narración se repite en un loop de situaciones y gestos que van perdiendo intensidad con cada reiteración, como si el filme estuviera atrapado en su propia inercia.
La premisa —que en papel ofrecía rutas narrativas bastante interesantes y potencialmente perturbadoras— termina diluyéndose en una apuesta demasiado contenida. En lugar de explorar sus posibilidades dramáticas o psicológicas, la película opta por la quietud y por una narrativa que se repliega sobre sí misma hasta terminar en una zona bastante cercana a la nada.

The Musical (2026)
Director: Giselle Bonilla
País: EEUU
★★★½
Una película 100% Sundance.
Hecha para Sundance.
Y como están las cosas, posiblemente —y lamentablemente— se quede en Sundance.
Aquí nace y aquí parece destinada a morir, al menos en términos de alcance y circulación.
Es una comedia indie por sus cuatro lados: pequeña en escala, excéntrica en su humor y completamente consciente del tipo de público al que quiere hacer reír. Jugando constantemente con el absurdo de lo cotidiano y con una ironía que encuentra algunos momentos de humor negro hilarantes.
Uno de los recursos más efectivos es su voz en off, que funciona casi como un contrapunto irónico a lo que vemos en pantalla. Esa disonancia entre lo narrado y lo vivido por los personajes genera algunos de los mejores momentos del film.
No reinventa el género ni pretende hacerlo, pero sí consigue construir una pequeña pieza de comedia independiente que sabe exactamente lo que es y lo que quiere ser. Y eso, en el ecosistema de Sundance, suele ser más que suficiente.

Zi (2026)
Director: Kogonada
País: Estados Unidos / Hong Kong
★★½
Kogonada sorprendió años atrás con «Columbus» y generó un séquito inmediato de admiradores que, con cada nuevo estreno, esperan que el director vuelva a alcanzar ese mismo nivel de sensibilidad o incluso lo supere.
Pero los resultados posteriores no han terminado de cumplir con esas expectativas. Y en este caso la distancia entre ambición y resultado es evidente.
“Zi”, presentada como una especie de viaje existencial, termina convirtiéndose en un recorrido bastante irregular y, por momentos, bastante disperso. La película parece más interesada en el gesto contemplativo que en construir un verdadero arco emocional o narrativo.
Sin embargo, no todo se pierde en el trayecto. La premisa posee una rareza suficiente como para despertar cierta curiosidad, y la forma en que la cámara observa y encuadra Hong Kong tiene una belleza innegable. Hay varios instantes donde el film recuerda el talento visual que Kogonada ha demostrado en el pasado.
Además, la película funciona como un sentido homenaje al gran Ryūichi Sakamoto, cuya presencia espiritual aporta una capa de melancolía y reverencia.

Bedford Park (2026)
Director: Stephanie Ahn
País: EEUU
★★★½
Grata sorpresa la de «Bedford Park», una muy buena ópera prima que, al tratar sobre dos personas profundamente heridas por su pasado y por las cicatrices de la infancia, podría haber caído con facilidad en el melodrama típico y facilista. Pero felizmente evita ese camino.
En lugar de explotar el sufrimiento como recurso dramático inmediato, decide poner el foco en el desarrollo de sus dos protagonistas y en una relación construida de a pocos, con delicadeza. Las actuaciones — naturales y contenidas— son el verdadero motor emocional de la historia.
Es a través de esos pequeños gestos, silencios y miradas donde se genera todo el drama, la tensión, la tristeza y también la esperanza de un posible romance en ciernes. Uno que, sin embargo, vive permanentemente amenazado por dos corazones rotos cuyas piezas quizá nunca vuelvan a encajar del todo.
La escena que incluye la llamada “canción de Rocky” es uno de esos momentos donde el cine encuentra una mezcla perfecta de ternura, humor y emoción. Un instante simple y preciso. Todo lo que está bien en el cine.

If I Go Will They Miss Me (2026)
Director: Walter Thompson-Hernandez
País: EEUU
★★★★
La película pertenece a esta corriente, bastante reconocible, del cine contemporáneo estadounidense: de un registro lírico que mezcla lo íntimo y cotidiano con sensibilidad visual y una dimensión espiritual en su narrativa. Un territorio que han explorado cineastas como Barry Jenkins, RaMell Ross o Trey Edward Shults.
Aquí también encontramos ese mismo impulso por transformar lo ordinario en algo cercano a lo poético. Moviéndose constantemente entre lo real y lo onírico, entre lo tangible y un espacio cuasi mítico que para algunos espectadores puede resultar profundamente evocador y para otros quizá un poco excesivo.
Todo el elenco está excelente, aunque Danielle Brooks sobresale con una presencia magnética con la que inaugura su campaña de premios incluso antes de que termine la temporada actual.
Es difícil imaginar que esta edición de Sundance ofrezca películas más potentes. Y aun así, lamentablemente, se fue vacía de premios.

Josephine (2026)
Director: Beth de Araújo
País: EEUU
★★★★
Entre las películas presentadas en Sundance —y con una próxima parada en la Berlinale— «Josephine» parece una de esas obras destinadas a tener piernas largas en la conversación cinéfila del presente año. De esas que crecen con el boca a boca, con el tiempo y con el inevitable acercamiento de la próxima temporada de premios. Y lo merece.
Se trata de un relato potente construido alrededor de un hecho trágico que cambia para siempre la vida de todos los involucrados. A partir de ahí, la película explora cómo ese acontecimiento se convierte en una presencia constante, invisible pero omnipresente, que habita en los rincones, las esquinas y las sombras del día a día de sus personajes. El verdadero “elefante en la habitación” nunca desaparece.
La película también apunta con claridad hacia la importancia —muchas veces ignorada— de la salud mental y de la ayuda psicológica después de un trauma. La ausencia de ese acompañamiento se convierte aquí en una grieta emocional que atraviesa toda la historia.
Channing Tatum podría estar ante el mejor papel de su carrera hasta la fecha, en una interpretación bastante más contenida y vulnerable de lo habitual. Y la joven Mason Reeves es una revelación absoluta.

The Oldest Person in the World (2026)
★★½
Durante aproximadamente una década, el documentalista Sam Green sigue la pista de las personas más longevas del planeta, aquellas que ostentan el récord Guinness como la persona viva más anciana del mundo. Detalle curioso: todas han sido mujeres.
El problema es que ellas son tan ancianas que su reinado dura muy poco. Saltando constantemente de país en país y de continente en continente en busca de la siguiente persona que ocupará ese peculiar trono.
Algunas de ellas abrazan ese reconocimiento con orgullo, otras lo rechazan y otras simplemente parecen indiferentes ante la etiqueta.
Si bien el documental es tierno y amable, termina quedándose corto frente a un tema que puede ofrecer reflexiones mucho más profundas sobre la vida, la memoria, el cuerpo y el paso del tiempo.
En lugar de eso, el film opta por un acercamiento bastante superficial, casi anecdótico. Donde ni siquiera los elementos autobiográficos que el propio director introduce —relacionados con su familia, la enfermedad o la pérdida— logran articular una línea narrativa suficientemente potente como para sostener el interés durante toda su duración.
Y eso que la película dura menos de hora y media.

Carousel (2026)
Director: Rachel Lambert
País: EEUU
★★★½
Una de las películas más amables y sensibles de esta edición del festival.
Su principal debilidad podría ser cierta ingenuidad en la manera en que aborda conflictos que muchos podrían etiquetar rápidamente como “problemas del primer mundo”: crisis existenciales, inseguridades profesionales o dilemas emocionales que, en otras manos detrás de cámaras, podrían parecer exagerados o inflados artificialmente para generar drama.
Pero la película logra recordarnos que esos conflictos también existen. Y que, como suele ocurrir en general, todo es relativo.
Lo que para algunos puede parecer trivial, para otros puede convertirse en un huracán emocional. La película entiende bien ese punto y construye sus momentos más efectivos desde la empatía hacia sus personajes.
Y sí: muy bien Chris Pine. Para variar.

Hanging by a Wire (2026)
Director: Mohammed Naqvi
País: Reino Unido
★★½
La película tenía algo muy a su favor desde el arranque: una premisa que inevitablemente recuerda a «The Rescue», el extraordinario documental sobre el equipo juvenil de fútbol atrapado en las cavernas de Tailandia. Reminiscencia que juega inicialmente a su favor pero que, finalmente, le hace mucho daño.
No porque el hecho narrado carezca de interés —al contrario— sino porque la forma en que está contado se queda varios peldaños por debajo de lo que ese tipo de historias puede ofrecer. La película desperdicia múltiples oportunidades de profundizar en temas que apenas roza: el clasismo, el racismo, las falencias de las autoridades o incluso las historias personales de quienes participan en el rescate. Todos esos elementos aparecen, pero solo de forma tangencial.
En cambio, el documental insiste en reiterar las mismas ideas y situaciones una y otra vez, como si estuviera estirando un chicle que ya perdió todo su sabor.
Eso sí: hay un plano conseguido por un dron (el de la foto) que es fascinante.


