Escribe: Luis Vélez, desde Berlin
Transcurrida una semana desde el cierre de la edición más turbulenta en tiempos recientes del Festival Internacional de Cine de Berlín, una marcada por la organización del festival no tomando una posición clara sobre el genocidio en Gaza, con el presidente del jurado Wim Wenders postulando que el cine debe “mantenerse al margen de la política”, todo ello en contraste a las varias expresiones de solidaridad con Palestina por parte de cineastas, público, periodistas y artistas, hago una síntesis de apreciación de las películas de la competencia principal, a mi juicio mayor logradas, señalando al mismo tiempo un descenso en proporción de calidad en cotejo con años anteriores. Sea como fuere, no faltaron títulos a resaltar.
No sin antes comentar la película ganadora del Oso de Oro, en tanto, a mi criterio, su valor político, aunque medianía en fuerza expresiva:
Gelbe Briefe (Yellow Letters)
Dirección: İlker Çatak
Alemania, Francia, Turquía; 2026
Gelbe Briefe opera a partes iguales como drama familiar, tratado sobre principios deontológicos (en la línea de El salón de profesores, celebrado filme previo de Ilker Çatak), artículo político (por encima del thriller) y breve comentario sobre arte y progresismo, sin que alguno de estos tratamientos despliegue su mayor potencial. No obstante, esta combinación de elaboraciones es buenamente funcional a una alocución sobre la libertad de expresión artística (y claro, política). Asimismo, cuando se debilita por acumulación de subtramas, los desempeños actorales salvadores de Özgü Namal y Tansu Biçer, sus protagonistas, salvan el día en un relato -al que ciertamente le sobra metraje- sobre censura, que puede sentirse algo tramposo en un contexto real en curso.
El cinematográficamente atractivo ejercicio de localizar Ankara en Berlín, y Estambul en Hamburgo, debe responder al origen turco del director nacido en la capital germana, y -evidentemente- a la noción de Turquía como un país de mayores opresiones que Alemania. Surge la pregunta de si lo planteado es una advertencia sobre los peligros de este estado político de las cosas o ya la puesta en manifiesto de que este ya se instaló, en medio de la paradoja de premiar a una película sobre censura en una Berlinale marcada por los remilgos a la solidaridad con Palestina.

A parecer del autor, ese Oso de Oro debió ir a:
Dao
Dirección: Alain Gomis
Francia, Senegal, Guinea-Bissau; 2026
Alain Gomis, cineasta franco senegalés, ha dirigido seis largometrajes, dos de los cuales, Tey (2012) y Félicité (2017), han estado previamente en la competencia principal de la Berlinale. Con Dao, a juicio de quien escribe, se perdió la gran oportunidad en el certamen de reconocer merecidamente a una película en la medida de su grandiosidad. Es una película gozosa, la vida se celebra con los conflictos familiares como parte de ella y la muerte es honrada en espacios de legado y misticismo. El concepto «DAO» es mostrado textualmente al inicio de la película: «un movimiento circular y perpetuo que fluye en todo y une al mundo».
Dao, monumental, es una multiplicidad de voces, miradas y estilos que van a confluir en el mencionado movimiento circular, en tiempo centrifugante diríamos, frenético, con la parentela al centro. Significativa es la conexión intercontinental con lazos en Francia y raíces en Guinea-Bissau, una exposición abierta a discusiones poscoloniales y prospecciones en la memoria social. Así, en sus tres horas de duración, alternando una boda en París y un extenso rito “en comunicación» con el patriarca desde/hacia el más allá, Dao es un recipiente de raza y tradición, mágico, aunque anclado en una tangibilidad canalizada por un sentido de representación coral en la que se diluyen los límites de la ficción, el registro real y la autoficción.

Y otro logro mayor:
Queen at Sea
Dirección: Lance Hammer
Reino Unido, Estados Unidos; 2026
Ha sorprendido la solidez en la conformación dramática de este título del casi desconocido Lance Hammer. Una película que en otras manos o circunstancias, como se ha mostrado en algunas, pudo haber recalado en una frialdad clínica o un regodeo sensiblero. La fuerza de Queen at Sea se desprende, sí, de las magníficas actuaciones de la siempre brillante Juliette Binoche y de los veteranos Tom Courtenay y Anna Calder-Marshall, de conmovedora entrega; pero además Queen at Sea se sostiene en el pulso y tacto con el que se administran acuciantes y transformadores asuntos en torno a un tema delicado como la demencia en edad avanzada.
A partir de un punto de quiebre inicial, que entabla cuestionamientos y relatividades morales, se despliega una serie de componentes de este retrato humano de complicadas certezas y duro visionado. Paralela y no desconectada se suscita una línea comparativa respecto a los afectos y las fases vitales, una pequeña dimensión que suma al conjunto y completa el todo de una película que debe estar lista para verse en otras pantallas de mayor alcance.

Además está la ganadora del Oso de Plata a contribución artística destacada:
Yo (Love Is a Rebellious Bird)
Dirección: Anna Fitch, Banker White
Estados Unidos, 2026
El de originalidad no es precisamente el sello de este documental de talante lúdico y canalizador de resiliencia. El recuento de una vida extraordinaria, por medio de recreaciones plásticas y material de archivo, el registro cinéma vérité, el tributo testimonial hacia la amistad querida, y hasta la construcción de un real modelo a escala para interpolar una presencia/ausencia en un lugar de extrañación, son ingredientes hallados en mayor o menor frecuencia en filmes de misma o similar naturaleza, no obstante, el tramado de Yo (Love Is a Rebellious Bird) es firme y elaborado, enfatizando el carisma del personaje homenajeado y sus divertidos recursos entomológicos. Conocer a Yolanda «Yo» Shea fue una experiencia sin duda disfrutable.

Películas en competencia, también las hubo sencillamente correctas:
Nina Roza
Dirección: Geneviève Dulude-de Celles
Canadá, Italia, Bulgaria, Bélgica; 2026
Una película sensible y fina, que se percibe acertada en su observación y comprensión, tanto de la situación del migrante y esas porciones del ser que quedan en el lugar de origen, como de la pertenencia de la creación artística cuando se produce desde la organicidad de las conexiones humanas con el territorio. No deja de ser prominente en el filme la visión sobre «lo búlgaro», en correspondencia a lo idiosincrático y costumbrista. Mención a la actuación de Galin Stoev, prácticamente siempre presente en pantalla.
Meine Frau weint
Dirección: Angela Schanelec
Alemania, Francia; 2026
El cine de Angela Schanelec es conocido y reconocible por su puesta en escena cuidadosa de encuadres fijos, narrativa finamente desmantelada y situaciones crípticas. Se sabe qué esperar de una nueva película suya y sus diálogos improbables. Tras El camino soñado (2016), Estaba en casa, pero… (2019), favorita de este corresponsal, y Music (2023), en Meine Frau weint, Schanelec ratifica sus sellos distintivos para proceder con una reflexión sobre desentendimientos de pareja, aislamiento mental y sostenimientos amicales; en fin, la humanidad de la sociedad occidental contemporánea, en adultez mediana, intermediada por un cine moderno de acentos teatrales, influencia rohmeriana, musicalidad cándida y humor robótico.

Everybody Digs Bill Evans
Dirección: Grant Gee
Irlanda, Reino Unido; 2026
Encontrarse con el realizador inglés Grant Gee desde que de él vimos los mejores documentales acerca de las bandas Radiohead y Joy División y/o el también documental The Gold Machine que abre en Londres y se interna en la Amazonía peruana, para ingresar a su primer largometraje de ficción basado en la vida del mítico Bill Evans, pianista jazzista estadounidense, en pleno punto de inflexión vital. Texturas fotográficas y un hábil trabajo de formas cinematográficas tributarias nos trasladan, principalmente, a inicios de los años 60, y también a insertos clave de los 70 y 80, a la mente y afectos del artista atribulado que en la genialidad no descubre redención. Cuenta con el ubicuo en el cine noruego Anders Danielsen Lie, como Evans, en magnífica interpretación, y con un viejo conocido, Bill Pullman, como el padre de Evans, dos agradables sorpresas.

