lunes, mayo 25, 2026

Babylon

Opinión

Dirección: Damien Chazelle
Guión: Damien Chazelle
País: EEUU
Reparto: Margot Robbie, Brad Pitt, Diego Calva, Katherine Waterston, Tobey Maguire,Li Jun Li, Olivia Wilde, Max Minghella, Samara Weaving, Eric Roberts, Lukas Haas,Rory Scovel, Jovan Adepo, Damon Gupton, Spike Jonze, Phoebe Tonkin, P.J. Byrne,Jean Smart, Jeff Garlin, Ethan Suplee, Jennifer Grant, Chloe Fineman,Olivia Hamilton, Patrick Fugit, Kaia Gerber, Flea

Teníamos cierto escepticismo por la nueva obra de Damien Chazelle. El director estadounidense, cuya carrera alcanzó rápidamente la estratosfera luego de su extraordinaria «Whiplash» y de ganar el Oscar a Mejor Dirección con «La La Land» en los principios de sus treintas, sufrió un pequeño traspiés con «First Man». En ella apostaba por un tratamiento bastante solemne y distante que terminó alejando a buena parte de la crítica y de los espectadores. A nosotros nos gustó mucho, pero varios de los «lalalanders» se sintieron defraudados. «Babylon», desde su premisa y con los múltiples avances no solo prometía el retorno a su zona de confort sino a un desquicio grandilocuente que podía quedarle inmenso y jugarle en contra. Para nosotros ha sido lo contrario, confirmando el enorme talento de Chazelle y dándole aún más mérito por la osadía demostrada.

«Babylon» está ambientada en Hollywood durante los años veinte, siguiendo a un grupo de celebridades del cine silente cuando se hace la revolucionaria transición al sonido. El exceso de esos tiempos se verá enfrentado a la decadencia de su propia especie.

«Babylon» es una obra imperfecta y excesiva. Hay por donde golpearla e incluso odiarla. Buena parte de la crítica así lo ha hecho y está en su derecho. No es gratuito. Pero por acá sentimos que los aciertos pesan bastante más en la balanza. Incluso creemos en la posibilidad de que, años más tarde, sea considerada como una película icónica o importante en la carrera del Chazelle o incluso en la historia del cine. Porque lo que a dirección se refiere es una barbaridad. De hecho, la aún inmadurez de Damien le juega tanto a favor como en contra. Es su talón de Aquiles y su panacea. Porque hacer una película así de grande sobre una época histórica y revolucionaria del séptimo arte no solo no es para cualquiera, sino que implica una responsabilidad enorme y cierta depuración del talento y habilidades. En lo que Aquiles respecta, el descontrol y exageración muchas veces roza o abusa con lo chirriante y vulgar. Pero el sanalotodo es la manera en la que Chazelle pone quinta de arranque y encara a todo pulmón y corazón el espectáculo. Lo realizado en cuanto a puesta en escena, diseño de producción, coreografías y composición es extraordinario. Y aunque a veces se le salga de las manos, la cámara flota naturalmente, logrando una melodía hermosa y por instante fascinantes.

No es en vano que hayan un puñado de momentos, escenas y secuencias extraordinarios como la fiesta orgiástica inicial, la mañana siguiente de esta; el beso silente de Jack Conrad (Brad Pitt) con los cientos de extras detrás y los últimos rayos de luz de fondo; La despedida de su personaje con la fantástica Lady Fay Zhu (Li jun Li); el primer fallido y mortal rodaje con sonido; el paseo por el infierno de Dante a través del «orto» de Los Ángeles; o la conclusión luego de otras tantas donde no terminó cuando quizás ya debía hacerlo.

Pero además del talento desbordado de Chazelle, «Babylon» cuenta con un reparto de super estrellas donde todos demuestran porqué lo son y las caras nuevas, como la de Diego Calva, están a la altura. Incluyendo el gran momento de Tobey Maguire, el personaje (y monólogo) de nuestra querida Jean Smart o hasta los varios minutos que le entregan a Flea (Red Hot Chili Peppers). Sin dejar de mencionar nuevamente lo hecho por Li jun Li como Lady Fay Zhu, una suerte de Anna May Wong. Pero quizás el más importante, tanto para el relato de «Babylon» como para la historia cinematográfica del propio Chazelle, sea el trompetista Sidney Palmer (Jovan Depo), cuyo nombre no es en vano. El pivote invisible y necesario.
Mención especial también a la pulcra edición de Tom Cross y a una nueva y genial banda sonora de Justin Hurwitz, con algunos registros y regresos a «La La Land«

Aunque «Babylon» es una mirada irónica y frívola de una década brillante, también es una radiografía atemporal del cine, sus ciclos y decadencia. Puede funcionar tanto en el presente como en otros momentos históricos y revolucionarios. Finalmente es el alma, cariño y respeto que impregna Chazelle en la obra el motor que le permite andar, correr y volar. Eso es fundamental para que un pedo en un baño resuma, sin asco y con certeza todo lo que la película conversa.



8/10

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