Dirección: Kristoffer Borgli
Guión: Kristoffer Borgli
País: EEUU
Reparto: Zendaya · Robert Pattinson · Alana Haim · Mamoudou Athie · Hailey Gates · Sydney Lemmon · Hannah Gross. .
Kristoffer Borgli venía de escribir y dirigir «Dream Scenario», una propuesta interesante y divertida donde lo onírico no solo funcionaba como recurso narrativo, sino como una extensión del mundo planteado y de sus personajes. En ella, la ambigüedad —característica clave del mundo de los sueños— era una herramienta útil, empleada con mucho tino. En «El Drama», en cambio, esa indeterminación (que no sabremos a ciencia cierta si es casual o buscada) juega en contra, resultando en una falta de definición en forma e intención. Cuestión grave, quizás, para una porción no menor de la población que ve en aquella problemática terrible y vigente de EE. UU. (y que no revelaremos) un tema que no puede ser tratado a medias o superficialmente. Un descuido que incluso puede resultar imperdonable.
En «El Drama»: una pareja, en los días previos a su boda, se enfrenta a una crisis cuando unas inesperadas revelaciones desbaratan lo que uno de ellos creía saber sobre el otro.
En el lado positivo, la película se disfruta de inicio a fin gracias a un ritmo ágil, apoyado en decisiones de montaje —particularmente en los saltos temporales— que, a diferencia de lo que podría sospecharse, le otorgan fluidez y dinamismo a la historia. Incluso permite que el espectador se involucre y se desplace emocionalmente junto a los personajes, alternando entre la empatía y el rechazo. Sobre todo lo segundo. Y un poco de lo primero hacia la protagonista (Zendaya).
Pero «El Drama» es de aquellas películas que, al finalizar y al volver a ella desde un plano más crítico —de análisis o conversación coloquial—, empiezan a evidenciar sus limitaciones y problemas. Que no son pocos. Borgli aborda con cierta provocación una problemática vigente y muy sensible en el contexto estadounidense, pero lo hace sin la profundidad necesaria: no desarrolla una mirada, no formula preguntas relevantes ni propone una reflexión. Es excesivamente descuidado con un tema que exige rigor. Y que, sí, puede ser tratado con humor negro, ácido o satírico; no tiene que abordarse necesariamente desde el drama o la solemnidad. Pero aquí no alcanza la altura necesaria en ningún género, planteamiento o dimensión propuesta.
Volviendo a las ambigüedades mencionadas en el primer párrafo, estas no se sienten deliberadas, sino como una consecuencia de su falta de definición, sobre todo en relación con lo moral. Y esto se debe principalmente a personajes planos, sin trasfondo ni explicaciones realistas que sostengan o expliquen su actuar. La reacción de todos es excesiva, caricaturesca y difícil de creer. Sobre todo porque, según el contexto social, el entorno en el que viven, el nivel en el que se encuentran o el trabajo y puesto que tienen, resulta sumamente contradictoria con lo que uno esperaría de ellos. Por ejemplo, el personaje de Robert Pattinson, cabeza de curaduría en un museo, hace una acotación bastante vana sobre la represión freudiana. Y alguien que ostenta ese puesto claramente sabría mucho más sobre el terapeuta austriaco. O la amiga y «dama de honor», quien termina siendo la verdadera villana, se despoja de las sutilezas necesarias, convirtiéndose en una caricatura con ciertos rasgos humorísticos que no aportan ni funcionan (siendo el discurso en la boda el punto más bajo). Así, se reducen a bullies acartonados que perpetúan aquello que origina el motivo de su rechazo. De hecho, indagar en ello hubiera sido aún más interesante que lo planteado originalmente. Pero es el espectador quien se ve obligado a completar esos vacíos, generando una clara división de opiniones y críticas sobre la película.
A esto se suma la presencia de subtramas innecesarias, como la de la DJ, que no se integran orgánicamente al relato y que podrían eliminarse sin afectar su desarrollo. También hay un humor irregular, con algunos chispazos efectivos, pero otros —quizás la mayoría— fallidos. Probablemente por la, nuevamente, indefinición de un tono general.
«El Drama» es una película que funciona a medias en su inmediatez, pero que pierde consistencia a medida que se la somete al paso del tiempo; más específicamente, de los minutos. Resulta, así, una película mucho menos incisiva, perturbadora y crítica de lo que inicialmente sugiere o pretende ser. Sin ánimos de actuar como policía moral: hay problemáticas que no admiten aproximaciones superficiales, sino que exigen una mirada, una posición y, sobre todo, una responsabilidad que aquí, finalmente, nunca aparece.

