Dirección: Sergei Loznitsa
Guión: Sergei Loznitsa
País: Ucrania
Reparto: Aleksandr Kuznetsov · Aleksandr Filippenko · Anatoliy Beliy · Andris Keišs · Vytautas Kaniušonis
Como referencia y para generar mayor interés en el lector, hace un par de años salimos del cine con una sensación similar a esta. Fue luego de ver «The Zone of Interest» de Jonathan Glazer. Diferencias (en varios sentidos) aparte, la desesperanza del ciclo que se repite y del pasado que es presente, se encuentra también en esta última y notable obra de Loznitsa.
En «Two Prosecutors» volvemos a la «Unión Soviética, 1937. Miles de cartas de detenidos acusados falsamente por el régimen son quemadas en una celda. Contra todo pronóstico, una de ellas llega a su destino: el escritorio del recién nombrado fiscal local, Alexander Kornev. Kornev hace todo lo posible por encontrar al prisionero, víctima de agentes corruptos de la policía secreta, la NKVD. Bolchevique íntegro y dedicado, el joven fiscal sospecha de algo ilícito. Su búsqueda de justicia lo llevará hasta la Fiscalía General de Moscú. En la época de las grandes purgas estalinistas, ésta es la zambullida de un hombre en los pasillos de un régimen totalitario que no lleva dicho nombre.»
Las cortinas del Teatro Debussy se achican y la pantalla queda cuadrada para dar pie a los créditos iniciales de la película. El formato elegido por Loznitsa es preciso y una constante en el cine que busca generar una sensación de claustrofobia y encarcelamiento. Todo ello aumentado con las composiciones geométricas y simétricas, y la misma prisión y arquitectura de esta y de los edificios y calles de aquella nación.
Esa es justamente la sensación que el director ucraniano consigue en uno con «Two Prosecutors», atravesando esta suerte de epopeya junto al protagonista con el desagrado, tedio y penitencia de por medio. Es una película desgastante. Que te empuja a ciertos límites para que puedas conectar, en cuerpo y alma, con el fiscal de turno.
Y ese indicio de esperanza, por más que sea un grano de arena que se atisba a la distancia, es a lo que uno se sujeta aún sabiendo, y es ciertamente predecible, que te traicionará. O, más bien, que uno se traiciona a sí mismo, por ingenuo y porque que como humanos, siempre estamos a un palmo de la falsa esperanza. Del «no se puede estar peor». La ilusión optimista es aquella con la que Loznitsa juega o permite, pero sabiendo que es creada por el espectador. Él solo debe mover las piezas.
El proceso por el que uno debe pasar como espectador durante el visionado de «Two Prosecutors» es uno que no gustará a todos y que causará rechazo en no pocos. Más aún cuando el «core» es la desesperanza total. Que es realista y que compartimos, pero que siempre será dura y difícilmente aceptable. Más aún en estos tiempos donde todo se repite y ese grano de arena resulta ser una trampa movediza.


