Dirección: Bi Gan
Guión: Bi Gan
País: China
Reparto: Jackson Yee, Shu Qi, Mark Chao, Gengxi Li
Se hizo esperar – nos hicieron esperar – pero la gran obra maestra de esta edición del festival por fin aterrizó. Al día diez, resucitó. Y hay algo injusto y perverso, así como poético y conveniente en haberla programado en el penúltimo día (y a las 10pm). A estas alturas quien escribe y todos los colegas que aún siguen de pie ya andamos destrozados como cada año y descendiendo en el vórtice de la locura cannoise. El desgaste es físico y mental y ya es complejo separar el antes del después. Tener claro el límite entre el final de una película y el comienzo de otra. Todo es como un sueño continuo. Por ende, «Resurrection» llega en un momento donde ya no estamos ni en nuestras capacidades suficientes ni en nuestro cabales y esta es, seguramente, la manera de encarar la que será la mejor película del año y que estará en esas clásicas listas de lo «mejor de la década» y lo «mejor del siglo». Lo merece.
En «Resurrection» vamos a «un mundo donde la humanidad ha perdido la capacidad de soñar, una criatura permanece cautivada por las ilusiones que se desvanecen en el mundo onírico. Este monstruo, perdido en sus ensoñaciones, se aferra a visiones que nadie más puede ver, hasta que aparece una mujer. Dotada del excepcional poder de percibir estas ilusiones tal como son, decide adentrarse en los sueños del monstruo, decidida a descubrir la verdad que se esconde en su interior.»
Esa es la premisa pero, aparte de que es una excusa, ya que no es encarada por Bi Gan de manera convencional ni mucho menos, lo que propone el director es hacer un viaje por la historia del cine (y de China), pasando por los variados tipos de cine y, proponiendo en esta travesía, elementos espirituales, filosóficos, religiosos, psicológicos y humanistas. Es una película muy compleja, desgastante, desafiante y que tiene múltiples capas. Es muchas cosas a la vez. Y la mejor manera posible de poder absorberlo y disfrutarla, es sintiendola. Percibiéndola como el viaje sensorial que es.
«Resurrection» es la clásica película que permite referenciar directores, títulos, estilos y tipos de cine. Todos vamos a coincidir en que hay de cine expresionista, surrealista, noir, thriller y terror, y que hace recordar a autores como «Murnau», «Lynch», «Jodorowsky» y Wong Kar-wai. Puntos en común en el mejor sentido posible dada la clase maestra que Bi Gan propone y consigue. Desde el arranque – empieza como una película muda – es incuestionable que estamos frente a una de las películas visualmente más impresionantes de los últimos años (y que hayamos visto en nuestra vida). Donde el diseño de producción y la puesta en escena es del más alto nivel cinematográfico posible.
Pero «Resurrection» también es una oda al cine, al cinéfilo y al que trabaja (o sueña) a través de él. Es cine como salvavidas y como registro histórico, como acto de reencarnación y resurrección. Es «Salida de los obreros de la fábrica Lumière» pero entrando a una sala de cine como seres de luz, mientras el tiempo pasa y lo devora todo. Hasta que quede el último espectador sentado en una butaca convertida, poco a poco, en una tumba.
Una auténtica maravilla. Una catedral. MASTERPIECE.


