Dirección: Julia Ducournau
Guión: Julia Ducournau
País: Francia
Reparto: Mélissa Boros, Tahar Rahim, Golshifteh Farahani.
Hace un par de años Julia Ducournau sorprendió a todos haciéndose con la Palma de Oro por «Titane». En realidad, fue Spike Lee quien nos pilló desprevenidos, anunciando el premio como presidente del Jurado (equivocándose al comunicarlo recién arrancada la ceremonia). De esta manera, Julia se convirtió en la segunda directora en la historia en ganar el premio más importante de Cannes, la primera en conseguirlo en solitario (Jane Campion lo ganó compartido). Aquella película surrealista y hasta cierto punto iconoclasta, generó polémica y fue divisoria, pero gustos apartes, forma parte de ese tipo de cine que buscamos en un festival como este. Por lo tanto «Alpha», su nuevo trabajo, era de los más esperados de esta edición. Y, aunque no colmó las expectativas, sigue siendo un cine más que interesante y con no poco que rescatar.
«Alpha es una problemática niña de 13 años que vive con su madre soltera. Su mundo se derrumbará el día que vuelve del colegio con un tatuaje en el brazo.»
Empezando con los «peros», «Alpha» es una película hasta cierto punto inclasificable y engorrosa como es el cine de Ducournau. Forma parte de su universo y continúa explorando el cuerpo como metáfora de distintas temáticas. La complicada relación entre una niña y su madre, con una tercera punta del triangulo (el tío), la drogadicción de este y el VIH como un virus sin nombre, son los tres ejes que se entremezclan. Pero esta labor es llevada a cabo abusando del efectismo y la dramatización, llegando a puntos excesivos y muy exigentes. A veces más es menos. Convirtiéndose en una experiencia más agotadora que potente y pecando en su sobreestimulación.
No obstante, y tal como nos sucedió con «Die my love» de Ramsay, este exceso se perdona o se recibe de buena manera cuando parte y es consecuencia de una genuina intención de la directora. De una visión y un propósito. También, porque hay elementos fascinantes que, cuando uno está dudando o cercano a tirar la toalla, reviven el interés. Acá por ejemplo, la manera en que el virus sin nombre ataca a uno y transforma su cuerpo (no entraremos en spoilers) es tan grotesco como hermoso. Creando una contradicción irresistible. Así como algunos planos, sobre todo el final (el mejor), de una belleza acojonante.
Por supuesto que uno recuerda con más cariño aquellas películas que se consideran «redondas», cercanas a lo perfecto, que conmueven a uno y con las que terminas conectando. Pero siempre estaremos en el barco de aquellas que, más o menos fallidas, termina siendo una vivencia intensa y memorable. «Alpha» lo es.


